domingo, marzo 15, 2009

Ruota della fortuna


Definitivamente no se hacer diarios. Es un trabajo que requiere orden, y cuando no sabes o no eres capaz de ordenar tu vida, es estúpido intentar archivarla de forma escalonada.
Lo que escribo normalmente tiene, o suele tener, más de dos lecturas diferentes; una superficial sobre cosas que me pasan, otra un poco más profunda que deja entrever alguna de mis ideas y sentimientos, y luego hay pinceladas de mi, ocultas y repartidas por doquier, en un intento de bitácora, un libro de anotaciones desastroso para saber quien soy si algún día me pierdo, pero ante la incapacidad de de ir haciendo entradas manteniendo un ritmo constante, escribir aquí de vez en cuando se convierte en un ejercicio de paisajismo pixelado, que en algunos casos puede resultar brillante, y en otros, un vacío interrogante.

En las próximas entradas, intentaré, con perspectiva de flash-back, recuperar algún pedazo perdido de estos meses.

“…El, como medievalista, creía en la rota Fortunae, o rueda de la Fortuna, un concepto básico de De Consolatione Pbilosophiae, la obra filosófica que había sentado las bases del pensamiento medieval. Boecio, el último romano, que había escrito la Consolatione mientras padecía una prisión injusta por orden del emperador, había dicho que una diosa ciega nos hace girar en una rueda, que nuestra suerte se presenta en ciclos…”

¿Sucede acaso que mi rueda ha tocado fondo, y ahora comienza a girar vertiginosamente hacia arriba?...no lo se, la verdad es que nunca he terminado de creer en la suerte tanto como Ignatius Reilly, pero últimamente lo que escribo en mi pizarra mágica se hace realidad tan rápido, que comienzo a no querer borrar ningún deseo futuro y anhelar que caigan todos dentro del plazo de la buena racha.

La suerte, si es, es efímera, aparece con creer que está y desaparece sin saber si alguna vez estuvo. Se muestra casi siempre incompresible y sólo la descripción de la rueda con pequeñas ruedas independientes interiores, aunque vana y casual, se acerca lo suficiente a la realidad.
Sólo el tiempo dirá si podré considerar que estoy en pleno ascenso, o tan sólo es una pequeña subida en el descenso, pero una cosa es segura: esté dónde crea estar, las cosas siempre cambian.

“I feel it all” y la alegría de lo más parecido que he encontrado, entre mis videos musicales, al famoso baile de la gallina por parte de Leslie Feist, es la representación más cercana a la celebración de mis 6 y ½.


domingo, diciembre 14, 2008

L'umore e altre cose che non sono


No soy un tío serio, no lo soy, es más bien que mi humor últimamente no conecta. Yo lo definiría como un pedo; algo que se siente, pero no se ve.
Me pasa últimamente que intento explicar mis ideas y la gente no me entiende, o lo hace, pero no como yo quisiera. A veces hablo y no se me oye, soy como el silencio. Siempre he hablado muy alto, en mi casa todos hablamos muy alto, de hecho pasa en todas las casas con mucha gente, pero a veces mi sinestesia ve los ruidos de mi alrededor tan de colores, que me siento como escuchando música tras unos cascos y termino hablando bajo para no verme convertido en el niño gritón del programa de Juan y Medio. Me río de los chistes malos tan tarde que ya he dejado la sensación de no tener sentido del humor…y mucho menos valgo para contarlos, porque si algo no soy, es gracioso. Me encanta la ironía pero no soy irónico, si intento parecerlo sueno borde y por eso a veces callo, aunque tampoco soy callado, sólo silencioso. Digo las cosas cuando hay que hacerlo, porque aunque no soy valiente, tampoco soy bienqueda. A veces también callo para no mostrar mi ignorancia porque si de algo no estoy orgulloso es de no saber, aunque tampoco me avergüenzo. No soy ni Hemingway, ni Punset ni un tío sensato, y mi testarudez no dura más de un día si consigues convencerme. No es que me guste discutir, pero a veces necesito que quien no piense como yo, me lleve la contraria. No soy rápido ni perezoso y mi velocidad mental se ralentiza con el tiempo. No es que no piense, es que soy más lento haciéndolo y cuando tú vuelves, yo todavía voy entretenido en el camino. Tampoco sé dibujar, ni jugar al fútbol ni conseguir mantener mi atención en algo por más de 10 minutos. No me peino si no voy a salir de casa. No soy un maniático ni tampoco un pesimista. No tengo fuerza de voluntad suficiente y cuando tengo que hacer algo que no me gusta, me cuesta madrugar. No sé cocinar, pero me gusta juntar ingredientes y sé que no soy justo muchas veces, ni con la sal ni con mis actos. No afino cuando canto, ni suelo ser cobarde, aunque sí que reconozco el miedo. No soy alto, ni guapo ni modesto, ni tacaño ni maleducado, ni ordenado ni realista, no soy ni cruel ni presumido, o casi, ni soy muy chismoso o extremadamente sociable, ni soy reprimido ni tampoco paciente, ni divertido ni original. No soporto el reguetón ni la chulería y de envidioso tengo poco. No sé perder y hay quién dice que tampoco sé ganar. No sé bailar y no me puedes preguntar cómo soy, porque sólo sé lo que no soy: perfecto.…Pero me queda mucho tiempo para arreglarlo.

Y aunque no tengo mucho gusto musical, últimamente me he enamorado de Facto Delafé y las Flores Azules

sábado, noviembre 29, 2008

Passeggiare ancora


Los paseos se diferencian de las huidas en que no puedes mirar continuamente hacia delante. Un paseo, incluso los más largos, te devuelven siempre al punto de partida. A veces ocurre sin prestarle atención, pero incluso en esas ocasiones, llega el inevitable momento de decidir; seguir caminando o dar media vuelta. Yo hoy tengo ganas de pasear.
El problema es que hace bastante frío, incluso para los que hemos nacido en esta estación, sin remedio condenados a enamorarnos del cielo lleno de nubes, las mandarínas y las castañas. Pero yo hoy tengo ganas de pasear…y pasearé.
Me preparo un té, cojo mi libro y me siento junto a la ventana bien pegado al radiador, pongo los pies descalzos encima del sofá, justo de la forma que hace enfadar a mi madre, y leo.

El niño con el pijama de rayas (John Boyne): A estas alturas es un libro de sobra conocido. Me ha parecido inocente, corto pero directo, y sobre todo tiene un sabor agridulce que me encanta. Uno de esos libros que deja un recuerdo permanente y la firme decisión de no ver jamás la película a pesar de estar convencido será buena. Lo único que no me gusta de los libros en los que aparecen niños, es que, muchas veces, la personalidad que se les da no es realmente la de un niño, si no la de un adulto pensando como un niño. Hay una diferencia sutil pero que marca la diferencia en credibilidad.

Hace mil años que estoy aquí (Mariolina Venezia): Mi reencuentro con el realismo mágico ha sido tal y cómo me lo esperaba. Desde la primera página te atrapa la originalidad y esa forma de escribir más propia de Gabo que de imaginar en una escritora italiana. Lo único que desmerece de este libro es la velocidad a la que transcurre la trama. Mariolina debería haber escrito el triple de páginas para aprovechar la historia al máximo.

La Bodega (Noah gordon): Cuando lees un libro y te gusta la manera en la que está escrito además del contenido, no puedes evitar leer cuanto cae en tus manos del mismo autor. Noah Gordon por el momento no me ha decepcionado. Un libro que está muy bien documentado. Todo encaja a la perfección como un puzzle de mil piezas en el que nada, ni una sola palabra, está escrita por azar. Una vez empezado, te sorprenderás leyendo sin poder parar incluso en las seis últimas páginas de agradecimientos. La bodega, puede ser el mejor libro que he leído en unos cuantos meses.

Y mientras sigo leyendo, me pongo buena música.

miércoles, noviembre 12, 2008

L'intervallo

Hablaré un poco de mí con la reflexión de Matteo, al que he conocido entre clase y clase:

Hoy tengo una de esas tardes completa de clases, así que dedicaré mi tiempo a intentar permanecer mínimamente concentrado. Si tengo suerte me sentaré al lado de alguien que conozco, y si no, me enfrentaré de nuevo al problema de qué hacer entre clase y clase. No sé si esto me ha pasado sólo a mi, que tengo tendencia a ser antisocial, pero el dilema del descanso en solitario hubo un tiempo que me preocupaba.

Estás en clase, y el profesor decide hacer una pausa, entre 5 y 10 minutos dice. Y ahí te quedas tú, medio atontado, sentado todavía mientras todos huyen hacía su merecido descanso. Cada uno sabe lo que tiene que hacer, en qué gastar su tiempo de libertad. Los que fuman lo tiene fácil, los que necesitan hacer fotocopias seguramente vuelvan tarde, y los que se lo pueden permitir, gastan cada intermedio en la cafetería. Sin embargo ahí me quedo yo, con el Friki de primera fila y el chico que lleva jersey hasta en verano, que no habla con nadie y cualquier día trae a clase una metralleta para una fiesta americana.
Al igual que a Matteo, se me ocurrió que llevar un sándwich era la solución. Te levantas tan contento con tu merienda envuelta en papel de aluminio y…y luego, te preguntas dónde te la comes. Así que has pasado de ser el chico que no se levantaba del sitio, a ser el que come un bocata en cada descanso sin levantarse…quien sabe, si se te acerca alguien, a lo mejor hasta puedes gruñirle con la boca llena. Después te viene la genial idea de ir al baño. No puedes ir al baño entre clase y clase, casi siempre hay gente esperando y ¿qué van a empezar a pensar?, ¿Qué tienes un problema de incontinencia?. Para que no empiecen a llamarte Concha Velasco a tus espaldas, lo mejor que se te ocurre es hacerte el interesante y salir de clase con prisa a…mirar el tablón de anuncios, por ejemplo. Tarea superinteresante, pero que termina demasiado pronto, y si no quieres parecer un loco pendiente de las notas, a lo mejor coges el móvil y llamas a alguien para que te entretenga.
Un día te das cuenta que siempre ha estado ahí, en el pasillo hay un radiador cada pocos metros. Solución perfecta para autistas en invierno. Sales de clase, y simulando algo de frío, te apoyas en el radiador. De vez en cuando pasas las manos para hacerlo más creíble, te giras, piensas, te vuelves a calentar, miras a los demás…y ahí está, frente a ti, en el otro radiador, y en el otro, y en el otro…el pasillo está lleno de radiadores y en todos hay alguien sin amigos apoyado. Cómo no quieres parecer un sinamigos te vuelves a clase, a tu mesa, a esperar que termine el dichoso descanso, y las clases, para poder volver a casa.

Últimamente estoy algo agobiado con los idiomas. No puedo dedicarles el tiempo que necesitan, y noto que cada semana hago menos, pero no quiero dejarlos, me encanta aprender, y como dije al principio, el dilema de los descansos ya no me preocupa, dejó de hacerlo hace mucho tiempo, así que ¿Qué más me da si comienzan a verme como el empollón que se pasa los descansos haciendo los deberes de chino? Además, ser amigo del Friki y del Loco, a fin de cuentas, tampoco está tan mal.

En el anterior post el padre, hoy canta el hijo:

domingo, noviembre 02, 2008

Doodle


Un doodle es ese dibujo sin sentido sobre un trozo de papel. Mientras hablas por teléfono o mientras te aburres en clase, tu mano inconsciente trae al mundo un garabato sin conciencia, que al final, te mira preguntándote el sentido de su existencia. Y no lo hay. Es tan sólo que la mente usa la mano como vía de escape, como medio para expresar aquello que de otro modo es incapaz de transmitir. Y allí está ese garabato, ese monigote, esa espiral sin lógica…
Me aburre hablar por teléfono, no es sólo que no me guste, es más bien que después del saludo inicial y de haber cumplido con el objetivo de la llamada, la continuación es una exponencial creciente de aburrimiento sin límite superior, que me lleva a escuchar y responder con monosílabos, hasta la liberación de colgar. Me gusta hablar, pero cuando la conversación deriva en “bueno y ¿qué tal?” o “venga, cuéntame algo”, ese hablar por hablar que me encanta de cara, por teléfono, simplemente me aburre al infinito. Entonces, a veces, hago doodle, que suelen ser espirales o también líneas que no quieren tener ni esquinas ni final, a veces una cara, a veces hago un ojo, pero cómo no me gusta que me miren desde el papel suelo tacharlo, pero, lo que más hago últimamente son esas líneas rodeadas de ondulaciones rellenas de color. Conozco a quien copia una y otra vez cualquier cosa que ya estuviese escrita en el trozo de papel, a quién hace labios y a quién hace flores. Conozco a quien se retrata en caracoles y se esconde tras la concha. Hay quién escribe números y quién dibuja ropa, quien dibuja penes y quien hace tetas, grandes, pequeñas, medianas… y quién, a base de pelos dibuja cualquier cosa geométrica.
Un psicólogo te diría que todo tiene un sentido, desde la posición respecto al papel en la que lo has dibujado, hasta la presión con la que apretaste el bolígrafo, sin embargo, estoy convencido que un doodle es como yo, un garabato sin sentido, pintado de preguntas sin respuesta que no te puedo ofrecer.

El mundo no es perfecto pequeña Ulises, ni es justo, ni tiene sentido, pero para un doodle como nosotros, cualquier raya es un camino.

Una del señor Bob.

lunes, octubre 20, 2008

Ilusión vs Decepción


Seamos simplistas, un animal actúa por instinto, y cualquiera de sus actos podríamos explicarlo como la búsqueda de alimento o reproducción. Desde que nacen, tienen como objetivo alimentarse y sobrevivir el tiempo necesario para reproducirse. Así que, reducimos la vida de un animal a una búsqueda continua de alimento, que saciada, le lleva a la reproducción.
Nosotros nos consideramos diferentes, y en consecuencia, nos atribuimos cualidades que descartamos en otros seres vivos para diferenciarnos, y creernos especiales, gobernantes, por así decirlo, de nuestro destino. Sin embargo nos movemos en la rutina, un ir y venir diario hacia ningún sitio en concreto. Nos alimentamos para vivir, vivimos para formarnos, nos formamos para trabajar, trabajamos para poder seguir alimentándonos, y saciados, o tal vez no, buscamos reproducirnos. Nos vemos diferentes, pero estamos abocados también a la búsqueda eterna de la felicidad insatisfecha, porque no nos engañemos, nuestra naturaleza sigue siendo animal.

Dicen por ahí que hay quien trabaja por dinero, que a fin de cuentas es sólo el medio de transporte, el vagón en el que viajan algunos sueños, semillas de ilusión y objetivos rectificadores para no salir del ciclo marcado.
Y de eso va este experimento, movido por una pregunta:

¿Compensa una ilusión a una decepción?
La mente humana es rápida, tanto que, en un instante de medida fugaz, es capaz de cambiar tu mundo y reconstruirlo tan sólo sobre una ilusión. Algo así cómo el cuento de la lechera a cámara súper rápida. La desilusión, sin embargo, funciona en slow-motion, dura más, duele más dentro y escuece piedra a piedra mientras se deshace el castillo, pero siempre deja las ruinas de ¿y si hubiera sido verdad?.
Me declaro culpable de, a pequeña escala, experimentar con la ilusión, crear felicidad efímera y dejar indicios de esperanza ruinosa.
Y respondo a la pregunta: En mi opinión sí ¿y para ti?.

El cuento número 13 es de esos libros que no entra de primeras, a la vista, simplista y previsible, con una historia que no llega a calar. La típica protagonista con aires melancólicos de una historia, la suya, que aún siendo menor, superpone a todo lo demás. Una trama demasiado vista sobre la siempre aburrida vida de la escritora de libros.
Me dejé engañar, y me ha costado varios meses terminar un libro tan corto. En mi opinión no compensa del todo el aburrimiento inicial, pero el libro es de los que finalmente no dejan mal sabor de boca. Recomendado si alguien te avisa que después mejora lo suficiente.

Yo no me puedo quejar, no tengo mala vida, de hecho, hoy lo primero que he visto al abrir los ojos ha sido un enorme arcoiris frente a mi ventana, pero el ritmo de la canción de Manu Chao marca últimamente mis días. Definitivamente, el estress me hace ser más eficiente.

lunes, octubre 13, 2008

Tarta madre


Una vecina le ha pasado a mi madre un vaso con algo raro y una receta de un bizcocho. En el título del folio pone “Bizcocho de Sevilla (convento de las carmelitas descalzas)”. Supongo yo, que cómo lo hacen madres, aunque no tengan hijos, es por eso que de casa en casa se ha bautizado como “tarta madre”, así que cuando mi madre me pidió que le pasase la receta a ordenador, a mi hermano y a mi nos entró la risa tonta y le preguntamos si lo que pretendía hacer era la super-tarta, la tarta definitiva o la madre de todas las tartas.
De todas formas, no es para reirse, porque para hacer esta tarta tienes que disponer de 10 días y no se necesita ni frigorífico ni batidora, vamos, que hay que tener paciencia de monja y….una salud de hierro, porque la guarrería que te pasan en un vaso tienes que mezclarla con harina y azúcar el primer día, removerlo al segundo, echarle leche al quinto día, mezclarlo otra vez el sexto y, el último día, antes de completar el bizcocho tienes que separarlo en 3 vasos para dárselo a 3 personas…vamos lo que viene a ser una cadena del e-mail, pero afectando directamente a tu salud y a los olores de tu casa.

Aquí dejo la receta, aunque para poder hacerla correctamente necesitarás la masa madre, amasada por manos y manos (vete a saber de quien) y que lleva fermentando, sin frigo ni batidora, por los siglos de los siglos. (Amén).

…Amén es una de esas palabras que las abuelas no pueden dejar de decir, culpa también de las monjas, que han amasado sus mentes desde la infancia, e hipnotizadas son incapaces de retenerla en su boca cuando escuchan “por los siglos de los siglos” o “en el nombre del padre, del hijo, del espíritu santo”. Palabras que he comprobado tiene efectos similares son, la pronunciación del nombre de alguien muerto, al que sin duda seguirá “que en paz descanse” o despedidas varis de buenas noches, que se completarán siempre con un “si Dios quiere”…en fin, que estas monjas si que saben hacer tartas.

Culpa de que lleve días sin actualizar este espacio, no es de las monjas, sino del tiempo, que no encuentro. Llevo un par de semanas actualizando mi sistema operativo, filtrando estrés y adaptándolo al nuevo horario, sin huecos para una vida, y forzando, un año más, la ilusión que enmascare frustración del carnaval adelantado. Mientras, me alimentaré de recuerdos de unos días de vacaciones, descansando del mundo y viendo, por primera vez en mucho tiempo, lo mismo, pero desde perspectivas diferentes.

Pd*Perdí (yo diría que no del todo, pero bueno) una apuesta de las tontas con mi hermano y me veo obligado a rectificar públicamente los resultados del tetris…mentí en el post anterior, en realidad era él quien me ganaba 10-7, obviamente el resultado anterior no era creíble, cómo no lo es tampoco el decir que fue un error informático, si a Ana Rosa se lo perdonaron...*

Algunas veces los vídeos musicales son raros, no llegan al nivel de los anuncios de compresas o de perfumes, pero es que los de One Republic me dejan siempre pensativo...y me encanta esa destrucción final.