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miércoles, noviembre 12, 2008

L'intervallo

Hablaré un poco de mí con la reflexión de Matteo, al que he conocido entre clase y clase:

Hoy tengo una de esas tardes completa de clases, así que dedicaré mi tiempo a intentar permanecer mínimamente concentrado. Si tengo suerte me sentaré al lado de alguien que conozco, y si no, me enfrentaré de nuevo al problema de qué hacer entre clase y clase. No sé si esto me ha pasado sólo a mi, que tengo tendencia a ser antisocial, pero el dilema del descanso en solitario hubo un tiempo que me preocupaba.

Estás en clase, y el profesor decide hacer una pausa, entre 5 y 10 minutos dice. Y ahí te quedas tú, medio atontado, sentado todavía mientras todos huyen hacía su merecido descanso. Cada uno sabe lo que tiene que hacer, en qué gastar su tiempo de libertad. Los que fuman lo tiene fácil, los que necesitan hacer fotocopias seguramente vuelvan tarde, y los que se lo pueden permitir, gastan cada intermedio en la cafetería. Sin embargo ahí me quedo yo, con el Friki de primera fila y el chico que lleva jersey hasta en verano, que no habla con nadie y cualquier día trae a clase una metralleta para una fiesta americana.
Al igual que a Matteo, se me ocurrió que llevar un sándwich era la solución. Te levantas tan contento con tu merienda envuelta en papel de aluminio y…y luego, te preguntas dónde te la comes. Así que has pasado de ser el chico que no se levantaba del sitio, a ser el que come un bocata en cada descanso sin levantarse…quien sabe, si se te acerca alguien, a lo mejor hasta puedes gruñirle con la boca llena. Después te viene la genial idea de ir al baño. No puedes ir al baño entre clase y clase, casi siempre hay gente esperando y ¿qué van a empezar a pensar?, ¿Qué tienes un problema de incontinencia?. Para que no empiecen a llamarte Concha Velasco a tus espaldas, lo mejor que se te ocurre es hacerte el interesante y salir de clase con prisa a…mirar el tablón de anuncios, por ejemplo. Tarea superinteresante, pero que termina demasiado pronto, y si no quieres parecer un loco pendiente de las notas, a lo mejor coges el móvil y llamas a alguien para que te entretenga.
Un día te das cuenta que siempre ha estado ahí, en el pasillo hay un radiador cada pocos metros. Solución perfecta para autistas en invierno. Sales de clase, y simulando algo de frío, te apoyas en el radiador. De vez en cuando pasas las manos para hacerlo más creíble, te giras, piensas, te vuelves a calentar, miras a los demás…y ahí está, frente a ti, en el otro radiador, y en el otro, y en el otro…el pasillo está lleno de radiadores y en todos hay alguien sin amigos apoyado. Cómo no quieres parecer un sinamigos te vuelves a clase, a tu mesa, a esperar que termine el dichoso descanso, y las clases, para poder volver a casa.

Últimamente estoy algo agobiado con los idiomas. No puedo dedicarles el tiempo que necesitan, y noto que cada semana hago menos, pero no quiero dejarlos, me encanta aprender, y como dije al principio, el dilema de los descansos ya no me preocupa, dejó de hacerlo hace mucho tiempo, así que ¿Qué más me da si comienzan a verme como el empollón que se pasa los descansos haciendo los deberes de chino? Además, ser amigo del Friki y del Loco, a fin de cuentas, tampoco está tan mal.

En el anterior post el padre, hoy canta el hijo: