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jueves, abril 03, 2008

Cambio radical


Ayer tenía cita en la peluquería a las 11 de la mañana. Reservé con Ana, pero mi peluquera no se llama Ana, ni siquiera es rubia, menos mal que cuando me vio entrar dijo: “Ana, déjamelo, que se lo corto yo”.
La culpa fue de la conversación de reserva:

-Peluquería XXX dígame…-
-Esto…si, quería pedir hora para un corte de pelo, umm…a poder ser para hoy-
-¿Quien se lo va a cortar?-
-¿cómo quién se lo va a cortar?...pues yo-
-¿cómo que tu?...vamos a ver…¿cómo se llama tu peluquera?-
-Ahhh, vale…pues no lo sé la verdad-
-Pero, ¿cómo es?-
-Pues…es…no sé, la chica que me lo corta siempre…no sabría decirte-
-Pero vamos a ver, rubia, morena…-
-Si sí, rubia-
-Pero…¿rubia y alta o morena y baja?-
-No no, te digo que rubia…
-Ah, pues entonces te pongo cita con Ana…pero Ana está de descanso hoy-
-Pues ponme para el miércoles-


Así que a las 11 estaba ahí yo, con mi mochila de clase y mis fotos feas para el pasaporte.
Post peluquería y después de rechazar la idea de hacerme nuevas fotos con el peinado fashion de Silvia (que así se llamaba la de verdad), me fui a comisaría.
El tío se me queda mirando un tanto extrañado, llevo la misma ropa que en la foto “reciente” pero no me parezco mucho…todo es cosa del pelo y la cara soso que pongo siempre en las fotos, intento repetir la cara mientras me mira, y me tanga 17.20 por el pasaporte.
Con el pasaporte en la mano entro en la tienda de Tattoo & Piercing y pido información…esa fue la decisión empuje.

Ahora parezco recién salido de cambio radical, ahí me veo con mi cara soso, nuevo peinado y un piercing en la ceja, y entre tanto me ha dado tiempo a saludar a Kefir, ir a clase, auspiciar el transplante de un cactus moribundo y cenar en casa del Vito, reconvertido en inquilino.